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Ya tengo mi Kindle, ¿y ahora qué?

El cacharrito en sí

El cacharrito en sí mismo.

El 18 de Enero llegó a mi casa el que sería mi último regalo de reyes. Era un gadget, un ítem electrónico, de esos que tanto me gustan. En este caso, era uno que lleva mucho tiempo deseándolo, un lector de libros electrónicos.

Tras sopesar el mercado, el mejor, por precio, características y conocimiento previo era el Kindle, de la librería estadounidense Amazon. Pues llegó el día, y apareció en mi casa el aparatito.

Lo encendí, metí en el algunos libros descargados de internet, algún artículo que tenía por leer para mis estudios, y apuntes digitalizados. Lo probé, y todo iba a la perfección (salvo algún incidente con los artículos, que eso es harina de otro costal). El aparato funciona por WiFi, y así era precisamente como introduje el contenido, lo envías a una dirección de correo electrónico proporcionada por la librería, y te deja lo que envías dentro del cacharrito.

Y trasteando con el eReader y sus posibilidades una vez conectado a internet me encontré el primer problema, entré en la tienda, y, oh, no están los libros que yo quería en castellano. Me voy a la web a través del ordenador, y, oh, sorpresa, tampoco. Tengo un catálogo extraordinario en inglés, incluso muchos clásicos a 0,00 US $, pero nada de lo que busco en castellano.

Y entonces empiezo a buscar en castellano, y lo poco digital que encuentro, tiene una cosita que se llama DRM, y que impide que lo saque del ordenador y lo meta en el lector. Por lo tanto, no puedo comprar un libro en versión digital e introducirlo en mi nuevo aparato.

En estas me encuentro.

Mi idea de uso con el Kindle era seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. Los libros que me interesan y quiero realmente, los pretendía comprar, y los libros que iba a leer de pasada, o por recomendación, de autores que no conozco, o de temáticas que no llaman poderosamente mi atención los sacaría de la biblioteca, sólo que en este caso, en vez de tener que buscar en un catálogo, mirar si está o no disponible, desplazarme hasta el lugar, llevármelo, atenerme a unos plazos, renovarlo, y finalmente, volver a devolverlo, tendría una biblioteca general en internet.

No quiero dejar de comprar libros, pero no me puedo permitir más espacio donde colocarlo, y la solución para mi era tenerlos en un medio digital, en vez de físico, que ocupa menos que el cuaderno de notas que suelo llevar encima a modo de agenda. Además, para los que solemos leer en cualquier sitio, el lector electrónico nos da una ventaja incalculable al poder llevarlo en cualquier sitio, y su comodidad para leer en él. No pesa, no se manchan ni se doblan las esquinas, etc.

Felipe II, G.Parker - el Kindle - Conversaciones en la catedral, M.V Llosa (comparen ustedes mismos la comodidad de cada uno)

Pero dejar de comprar libros sería eliminar de un plumazo los ingresos de los autores. Los autores viven de sus libros, y por lo general no demasiado bien. Me causa un debate moral muy grande. En USA, son las librerias las que se han puesto las pilas, y ahí están el éxito del KIndle, ligado a Amazon, o el Nook, ligado a la Barnes & Noble. Ambas librerías están vendiendo muchísimo, a precios acordes con lo que se compra, y haciendo fácil el asunto.

En España el peso de esto lo están llevando las editoriales, que no quieren abrir mercado hacia otra dirección, y ya empiezan a llorar ciertos autores y muchas librerías. Ya acusan el descenso de ventas a la piratería, y ya empiezan a llamarnos ladrones.

Desde que uso el aparato en sí, me han parado por la calle, en paradas de autoús, en el mismo autobús, o por la universidad. Han interrumpido mi lectura, muy educadamente decenas de personas para preguntarme “qué tal funciona eso”, si es cómo de leer, si es verdad que no hace daño a la vista, “ es verdad, es igual que la página de un libro” dice muchos. La mayoría termina con un, “es para pensárselo”.

Y, ¿saben cuál es la pregunta de casi todos?, cómo se compran los libros. No cabe lugar a la duda, no hay un deseo irremediable de piratear a lo loco con risa de villano de película de fondo. No, todos nos hemos preguntado lo mismo antes de comprar un lector, ahora, qué pasa con los libros, y cómo los compraré.

A ver cuando, de una vez, nos lo ponen fácil y cómodo a los usuarios, a los pagadores, en vez de acusarnos de tal o cual cosa. Y empiezan a darse cuenta que los tiempos están cambiando, y que, o se adaptan al nuevo modelo de distribución, o se van a acabar comiendo los mocos, llorando, tarde y mal, y sin ninguna solución aparente.

Señores editores, por favor, como lector habitual les pido, qué digo, les ruego, que se pongan las pilas y que no terminen como sus amigos del ámbito musical y cinematográfico. Están a tiempo. No nos hagan robar.

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