No me obliguen a ver cofradías.

Esta Madrugá (la noche que pasa entre el Jueves Santo y el Viernes Santo, para los que no estéis familiarizados con el asunto) ha habido altercados, que si una pelea que produce estampida, que si bullas más agobiantes de la cuenta, etc. Hasta aquí todo normal, tras muchos años trabajando “in situ” en diversos puntos de la Semana Santa sevillana, lo volveré a repetir: “yo no se como no pasa nada”.

 

Pero no es el caso de hablar de qué o qué no ocurrió, lo que me hace atreverme a escribir estas líneas en el blog son las reacciones a esos incidentes que no llegaron a más. Leo diversos artículos sobre el tema en todos los diarios locales, veo publicaciones en Facebook criticando aquí y allí, pero no he visto que nadie planteara la posibilidad de que el problema no sea culpa “de otros”.

 

Resumo un poco lo leído: la Semana Santa es algo muy valioso y muy sagrado, en el que unos irresponsables (jóvenes) van a hacer botellón y a deslucir la fiesta, siendo esto un elemento representativo de la pérdida de valores de la sociedad posmoderna que está acabando con la tradición y hay que hacer algo contra eso.

Eso en lo referente a la supuesta pelea que propició unas estampidas. La juventud sólo hace repetir lo de sus mayores. Lo repite, y lo hace suyo, lo modifica y lo adapta, pero siempre lo repite. Y es que no es nada nuevo el hecho de que en Semana Santa la gente salga a emborracharse, y a drogarse. Es algo habitual ver a costaleros fuera de turno recuperar fuerzas a base de combinados (aunque se niegue la mayor), por poner un ejemplo de dentro, y, por supuesto, es tradición beber alcohol como algo inherente a cualquier disposición social en esta ciudad (extensible a provincia, región, CCAA, y país).

Entonces, si aquí cualquier tipo de celebración la bañamos en alcohol, ¿porqué aparece la crítica a los jóvenes que han perdido los valores entre la posmodernidad y el teléfono móvil como elemento que va a redireccionar la Semana Santa en un rito pagano? Porque es la crítica fácil. Son unos chavales borrachos y con ganas de dar por culo.
Miren, esta misma Madrugá (en la que llevé a ver cofradías a un amigo que venía de fuera), un señor mayor increpaba de manera muy amenazante a un chico joven por supuestamente “decir tonterías de mi cristo”, con una violencia verbal y gestual impresionante, digna del típico joven de botellón con los valores perdidos en un vaso de tubo.

 

Y es que es muy fácil dar una semana de vacaciones a jóvenes supra hormonados y con los valores perdidos y pretender que se queden en su casa. La hegemonía cultural que ejerce en esta ciudad la Semana Santa hace que no haya absolutamente ninguna alternativa de ocio durante una semana entera de vacaciones para los perdidos posmodernos. Sólo les queda ir de cofradías o irse de la ciudad, algo que no está al alcance de muchos. Entonces, se quedan, y resulta que además, el Jueves se vende como que “Sevilla debe estar en la calle”, “la noche grande”, etc. Pues qué hacen los chavales, imitan, imitan tanto que, al reflejo de sus mayores, se beben sus cubatitas. Y es que no hay nada peor que un cubatita en una fiesta sagrada. O no, espera, no hay nada peor que un cubatita “si no es como Dios manda”, es decir, en su bar, al doble de precio de lo habitual, para que los jóvenes aprendan cómo funciona esto. Pues no, los chavales imitan, e imitan dentro de sus posibilidades, imitan, como hemos imitado todos los jóvenes del mundo a nuestros mayores porque en eso consiste vivir en sociedad.

 

Si no se imitara, de qué le iba a dar el mismo sentimiento, exactamente el mismo sentimiento a miles de personas,  su cachorro por el postigo, su triana en Santa Ana, su Paz por el parque, o su Macarena entrando a Feria. El mismo, sea cual sea la hermandad, la marcha, el lugar o el color. Se siente lo mismo porque se repite consuetudinariamente, tanto, que se hace ley, eso es lo que tiene que pasar. Y como vivimos con una hegemonía total de la Semana Santa sobre cualquier otra cosa, la crítica se aplasta, y como se aplasta, pues los que decimos estas cosas estamos callados, porque ofender “los sentimientos” es algo muy malo, y aunque ni tú hayas ofendido ni el otro haya sentido, pues se acaba la conversación.

 

“Los chavales salen de botellón en La Madrugá porque no hay otra puta mierda que hacer en toda la Semana Santa, seas creyente, ateo, fervoroso, de crucificados o de misterios”, parafraseando a Esperanza Aguirre, repita conmigo señor sevillano (lease en tono lento, como silabeando): “Los chavales salen de botellón en La Madrugá porque no hay otra puta mierda que hacer en toda la Semana Santa, seas creyente, ateo, fervoroso, de crucificados o de misterios”.

 

Y claro, después nos echamos las manos a la cabeza porque en la calle Cuna (aforo limitado por volumen de la calle) hubiera setentaytres millones de personas humanas entre nazarenos, costaleros, virgen, banda y público. Ya me dirás, si es la noche grande de la ciudad, quién se la va a querer perder. Ya es hora de que la Semana Santa se plantee como lo que es, parte de la fiesta de la primavera de la Ciudad de Sevilla.

 

Qué quiero decir con esto, que está muy bien, que nadie quiere borrar la Semana Santa del mapa (al menos yo), que es una cosa curiosa, que además atrae turismo (que parece que es el único flujo motor de la ciudad), que blablabla. Que es una fiesta religiosa que los puristas quieren seria y que la masa adapta a sus necesidades. Si los puristas quieren una semana santa medianamente ordenada, donde no haya incidentes, donde la gente se “comporte bien”, permitan que a las cofradías vayan sólo los que les gustan las cofradías (que son muchos, muchísimos, una aplastante mayoría), pero dejen escapar a los que no.

La ciudad es demasiado grande, están las riberas del río, la Cartuja, los parques urbanos. Señores, permitan que a los que no nos gusta lo cofrade podamos disfrutar de nuestras vacaciones y de nuestra ciudad, sin tener que escapar corriendo a la playa o sin tener que quedar recluido en casa por la imposibilidad de organizar un plan de ocio viable.

Señores y señoras que regís los designios de la ciudad. Dejad de obligarnos a ver cofradías.

Gracias.

 

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Publicado el 6 abril, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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