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El vídeo contiene imágenes no recomendadas para personas muy sensibles.
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Hoy ha concluido el ciclo de conferencias organizado por la Universidad de Sevilla y Corchea 69 Producciones llamado Factor Humano. Esta ha sido la segunda edición del ciclo, de la anterior edición no tuve noticia alguna, de ésta si, y he tenido la suerte de participar. Lo que se antojaba un ciclo más para conseguir créditos de libre configuración, se convirtió nada mas conocer el programa del evento en una gran inquietud.
Ya el título promete, Factor humano, ¿Qué cabe esperar?. Esta pregunta, tan amplia, tan compleja, con tantas respuestas, no ha sido, sin embargo contestada, y, bajo mi punto de vista, no era ese el objetivo. El objetivo, para mi, no era mas que abrir un foro de reflexión acerca del futuro de las humanidades, un foro de debate para que las futuros titulados universitarios conozcamos la opinión sobre el mundo, sobre los humanos, y, por tanto, la humanidad y las humanidades, de personas con un cierto grado de influencia, tanto en sus ramas, como en la sociedad en general.

A veces olvidamos que en la lectura hay un punto de transgresión. El solo hecho de buscar otras realidades, mas o menos alejadas de nuestra realidad ordinaria, significa un acto de rebeldía contra la vida que nos rodea: frente a la vida que nos ha tocado vivir, optamos por la vida que elegimos vivir, frente al mundo real preferimos el mundo imaginado.
Por esa razón hay que ser muy respetuosos con la lectura de los jóvenes, con sus lecturas. Obligar o presionar a un joven para que hable de sus libros y héroes preferidos, es como querer entrar en su intimidad. Si el joven, no quiere hablar o comentar los libros que lee, hay que respetar esa parte de su intimidad. Se pueden crear las condiciones propicias para que los jóvenes lectores se abran al diálogo e incluso a la confidencia sobre sus lecturas favoritas, como se deben crear los espacios y establecer los tiempos para que los adolescentes tengan acceso a los libros de manera libre y agradable, pero hay que tener mucho cuidado en convertir la lectura en una obligación, en un programa educativo, en una amenaza del tipo que sea. Respetemos la maduracion de los jóvenes y sus intereses. El paso de la infancia a la adolescencia es difícil, y los jóvenes no solo pierden interés por la lectura, también lo pierden por muchas otras cuestiones desde la religión a la familia o incluso por la comida en los casos mas graves. Si en la infancia han aprendido bien los mecanismos de la lectura, ya volverán a los libros, pasado el bache. No agravemos la depresión con nuestra angustia o nuestros sermones. Si no lee, es casi seguro que sienta una carencia importante, y en muchos casos fundamental, el contacto con las voces sabias, confortadoras y estimulantes que podría haber encontrado en los libros, pro la libertad tiene sus riesgos.

Pues comienzan la movilización contra la nueva reforma, esta vez a nivel europeo de la educación universitaria. No tengo mucho tiempo para explayarme, y al igual que hice ayer con el tristísimo tratamiento de la prensa al desalojo de Casas Viejas, voy a tomar un argumentario que no es mio. Lo podeis recoger en este link.
Para mas informacion os podeis pasar por el blog que han creado los miembros del grupo de trabajo contra la reforma de la Universidad de Sevilla.
De momento lo único que os dejo es que la participación en estas movilizaciones deberían ser multitudinarias. Si esta reforma, a nivel europeo, se llega a consolidar, tendremos unas generaciones futuras completamente inservibles para la cultura. Van a conseguir matar la poca intelectualidad que aun queda. Cada vez mas tontos, cada vez mas especializados, cada vez menos preparados, cada mas baratos y mas manejables.
Ha ocurrido una aberración en Andalucía, en Sevilla. Desde el Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica de Sevilla, gestionado por el ayuntamiento, se le encargó a Jose Antonio Parejo, profesor de pensamiento político de la Universidad de Sevilla un libro sobre los orígenes de la Falange en Sevilla.
Este joven profesor, que en este 2007 ha comenzado su carrera docente en la universidad, realizó su tesis sobre la Falange en la Sierra Norte de Sevilla (1934-1956). Siguiendo los datos previos de sus anteriores investigaciones, y teniendo acceso a algunos nuevos escribe su obra y la entrega en el plazo que le exigen. Tras mucho tiempo de espera, casi un año, sin que el libro pase por la imprenta con la excusa de que le falta el prólogo, el profesor Parejo se interesa de nuevo por la tardanza. Ahí le explican a las claras que para que el libro vea la luz debe cambiar algunas cosas. Él, pensando en que había algún tipo de error, accede a la revisión, entonces le dicen que debe omitir algunas cosas.
Lo más grave de este asunto viene cuando se conocen los extractos que el autor debe omitir. El primero de ellos es un dato, no es una opinión, una tesis ni una opinión, es un dato, extraido de los archivos históricos, que es dónde se escribe la historia, los hechos. Este dato no es otro que el de la participación obrera en la falange. Esta participación, este contingente de clase obrera llega ni más ni menos, que al 50% de la afiliación de la falange. Así, Parejo habla de un partido fascista, que, sin ser un partido obrero, es un partido interclasista en el que la participación es del 50% de sus militantes. Los demás fragmentos a omitir eran transcripciones literales de documentos de la época, entre ellos, la carta de un falangista sevillano a un amigo en la que dice “aquí le damos de estacazos a esos chulillos marxistas”. El argumento para la omisión de estos datos y documentos es que no se ajustan al espíritu de la LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA.
La memoria es capaz de separar los recuerdos malos y los buenos y elegir con cuál se queda. La Historia es una serie de hechos y consecuencias que pasaron. Cada uno puede opinar lo que quiera, puede valorarlo, pero lo que pasó, pasó. La Historia es una ciencia, y como tal se debe aceptar. No se puede utilizar para fines personales y cambiarla al antojo del lector.
La censura es sólo una consecuencia más de nuestra frágil democracia, menos mal que la alargada sombra de los nuevos censores no llega tan lejos como antaño, y hay editoriales que no dependen de los preceptos políticos que provienen de la poltrona de turno. El libro verá la luz, con una editorial que no es la que le encargó el trabajo, sobreponiéndose a los burdos intentos de cambiar la historia al antojo de quién sea, con la complicidad y el silencio de casi todos los medios de comunicación, y, lo que es más grave, del silencio de la institución que recoge entre sus docentes con este hombre.
La Universidad de Sevilla, como institución, ni ninguna de las demás universidades andaluzas han abierto la boca para defender a uno de los suyos. La Universidad, ese refugio intelectual donde las personas son libres, no han sido capaces de defender la libertad intelectual de sus docentes. ¿Miedo a las subvenciones? Es posible que sea eso, pero es una lástima, que en una educación donde la calidad brilla por su ausencia,
el único supuesto reducto de libertad del conocimiento, y con calidad del mismo, con sus rectores a la cabeza, escondan el rabo y callen la realidad de la manera tan flagrante como lo han hecho.
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Porque las personas honradas no sueles llevar grabadoras escondidas debajo de la chaqueta, ni tampoco notarios por el brazo a fin de que levanten acta de cualquier conversación, esta columna de hoy oculta los nombres de sus protagonistas y busca conscientemente un tono de ambigüedad.
Ocurre en Andalucía. El joven profesor de Universidad, doctor en Historia y amplias publicaciones a sus espaldas recibe de cierto organismo gubernativo el encargo de un trabajo de investigación sobre algunos acontecimientos de la guerra civil en el sur de España.El libro es entregado en tiempo y forma. Aquellos que han leído el original hablan de una obra excelente. Pero pasan meses, pasa mas de un año y no se manda a la imprenta. El autos acude inquieto a pedir explicaciones. Con medias palabras primero, y claramente después, en la editorial confiesas no atreverse a entregar el texto al responsable político, ya que su contenido resulta en desacuerdo con los preceptos de la llamada Memoria Histórica.
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