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Archivo para 20 diciembre 2011

Hola Lucía

20 diciembre, 2011 6 comentarios

Hola Lucía Etxeberría!

Usted no me conoce a mi, y yo no la conozco a usted. Pero me permito el lujo de escribir estas palabras que, probablemente nunca leerá. Yo he intentado leer alguno de sus libros, y nunca he podido, incompatibilidad de gustos, cosas del famoso libro de los gustos, que no existe. Pero no va por ahí el objetivo de mis palabras.

En otras ocasiones en este blog he escrito sobre el libro electrónico y mis dificultades com consumidor de acceder a los diversos contenidos. Pero tampoco va por ahí el asunto. He de reconocer que ayer me tomé con humor su decisión de abandonar la literatura. Sin embargo hace un rato he oído su intervención en el programa Hoy por Hoy, y, que quiere que le diga, me ha dado un poco de pena, en el buen sentido.

He ido a comprar su libro, para que pueda usted afrontar sus innumerables pagos, y pueda continuar con la profesión que ha elegido. Yo, que aún soy joven, tengo que trabajar en una multinacional para pagar mis estudios, y ya me gustaría dedicarme a lo mío, pero por ahí tampoco van los tiros. Cómo le digo, he ido a comprar su libro, el Amazon, la mayor librería del mundo, y cuyo lector de libros electrónicos adquirí hace un año, y, ¡sorpresa! o quizá no tanta, no existe el formato digital.

Parece que muchos de ustedes, trabajadores de la cultura, no se dan cuenta de la realidad que les rodea, o no se quieren enterar. Hace mucho tiempo que no compro un libro en papel, de hecho, mis últimos libros en papel son regalados o de trabajo. Miento, compré el último de Murakami el día que salió, pero eso era por pura purita impaciencia, y algo de coleccionismo.

Como le contaba, hace un año exacto que la gran mayoría de los libros que utilizo para mi ocio son digitales. No se si usted ha tenido experiencia lectora con uno de estos “cacharros”, pero es infinitamente más cómoda la lectura de cualquier cosa, sobre todo, si, como yo, sale usted de su casa a las 7:00 a.m y no vuelve hasta las 21:30 de la noche. He abandonado la biblioteca por internet, lo que quiero leer, si no lo puedo comprar, por precio, o porque simplemente quiero conocer la obra, en vez de acudir a la biblioteca de la universidad, me dirijo a internet, me descargo el libro,incluso en muchas ocasiones tengo que modificarlos antes de pasarlos a mi lector, porque no están bien editados. Fíjese, Lucía, si realizo esfuerzos por leer una obra. No gasto más que antes en libros, pero leo mucho más, sin viajes a la biblioteca, sin ir cargando por ahí con un montón de papel.

Si yo quisiera leer su última novela, que ahora con las quejas me ha entrado el gusanillo, fíjese usted, iría a la biblioteca y lo sacaría o me lo compraría. Suponiendo cualquiera de las dos opciones, tendría unas 2 horas diarias para leerla, que son, aproximadamente lo que duran los tres trayectos en autobús de mi casa al trabajo, del trabajo a la universidad, y de la universidad a mi casa, contando que alguna vez el trayecto lo haga a pie. Imaginando que lo leo a un ritmo normal para mí, tardaría un par de semanas en leerlo. Es decir, su libro estaría en la calle aproximadamente unas 140 horas, recorrería unos 210 kilómetros, muchos de ellos a pie, metido en una mochila junto a un portátil, una carpeta con papeles de la universidad, una carpeta con papeles de mi trabajo, un cuaderno, y, habitualmente, acompañando a algún que otro libro, ensayo o manual.

Pero yo no trabajo a diario en la oficina, soy agente comercial, y recorro bastantes más kilómetros a pie, cargado con mi habitual “hatillo”  y un volumen de 500 páginas. Suponga ahora que ese libro lo podría llevar en un aparato que no llega a los 300 gramos de peso y ocupa menos que una agenda “moleskine”. Comprenderá usted, señorita Lucía que elija la biblioteca, es decir, internet, para poder leer su obra, entre otras cosas, porque no puedo comprarlo para introducirlo en mi lector.

No se ha parado a pensar, señorita Lucía, que en vez de acusar a internet, Seriesyonkis (por cierto, en seriesyonkis no está su libro tampoco), y a la mala conciencia de los que piratean, debe usted ir a la oficina de la editorial Planeta y preguntar a su jefe de distribución porqué cojones yo, un chico de 27 años que trabaja para una multinacional y que se pega todo el día en la calle entre el trabajo y sus estudios no puedo elegir el formato en el que quiero leer su última novela.

Espero que si lee estas líneas, tenga la capacidad, que se que la tiene, y de sobra, para analizar la situación. Olvide lo que le cuentan sus editores acerca de todo lo mal que está el asunto y de lo poco que se vende, y hable con sus lectores,  o con lectores habituales, y pregunte cómo está la situación. Y después elabore su propia opinión atendiendo a sus propios criterios.

Sólo una cosa más señorita Lucía, no sabe usted la de inglés que he aprendido, en muy poco tiempo, por tener que comprar libros en inglés, en papel y digital, porque no era capaz de asumir los costes de los libros en castellano.

Sin más, me despido, deseándole sinceramente que su situación vaya a mejor en el menor de los tiempos posibles, porque es muy duro tener que dedicarse a otra cosa que no es la profesión que uno elige, se lo digo por experiencia propia. Este es mi más sincero deseo de Navidad para usted y su familia. Y para mi, el poder comprar pronto su libro en formato digital.

Muchas gracias por su tiempo si es que lo ha gastado conmigo.

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